Preocupada la religiosa benedictina que luego fue Santa Matilde de Hackeborn suplicó a la Santísima Virgen que la asistiera en la hora de la muerte; y acogiendo su súplica, la Madre de Dios se manifestó a la implorante, diciéndole: “Sí que lo haré; pero quiero que por tu parte me reces diariamente tres Avemarías, conmemorando, en la primera, el Poder recibido del Padre Eterno; en la segunda, la Sabiduría con que me adornó el Hijo; y, en la tercera, el Amor de que me colmó el Espíritu Santo”.
Como se Reza esta devoción
¡María, Madre mía; líbrame de caer en pecado mortal!
1- Por el Poder que te concedió el Padre Eterno. (rezar un Avemaría).
2- Por la Sabiduría que te concedió el Hijo. (rezar un Avemaría).
3- Por el Amor que te concedió el Espíritu Santo. (rezar un Avemaría).
¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo! Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén!”
La siguiente Jaculatoria fue indulgenciada por San Pío X, y la recomendó rezar junto con esta devoción: ¡Oh María, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma!

Las invocaciones seculares a la Virgen que tradicionalmente concluyen en el rezo del Rosario, mejor conocidas como Letanías Lauretanas; el Papa Francisco ha decidido añadir tres nuevas: «Mater Misericordiae», «Mater Spei» y «Solacium migrantium», es decir: «Madre de la Misericordia», «Madre de la Esperanza» y «Consuelo» pero también «Ayuda» de los migrantes.